Kasou
Prologo
Los sueños se pueden
cumplir, no importa el lugar ni el momento ni las circunstancias en
que alguien sueña. Los sueños son el arma más poderosa con la que una persona cuenta.
Pero también, en el
arma más poderosa con la cual se puede lastimar a una persona.
Se dice que las personas
que sueñan con acontecimientos del futuro, son las personas con
el corazón más puro.
Estas personas también son
vulnerables a los cambios drásticos en el continuar del tiempo y esto, se ve
reflejado en sus sueños. Los sueños se vuelven armas para afrontar el
desconocido futuro que le aguarda a una persona. Un “yume” es tanto una
bendición como una maldición. Solo las personas que se encuentran preparadas
para asimilar sus sueños y la realidad, podrán disfrutar a pleno el “mirai” que
se abre ante ellos. Sin embargo, en esta época el tener sueños, es más una
maldición que una bendición; y solo lleva a los malaventurados a la verdadera
desesperación y completa perdición.
Capítulo 1: El comienzo
En los páramos áridos y fríos del sur de
Antagónica, en una cabaña localizada entre las mesetas, un joven juntaba sus
cosas y se preparaba para iniciar un largo viaje.
-¡Mierda! ¿Dónde pude haberlas dejado?
El muchacho buscaba desesperadamente unas pinzas
que necesitaba. Por cierto, este es Kasou. Ahora mismo se está preparando para
su viaje, aunque como se ven las cosas, lo tendrá que posponer hasta mañana.
Sin más remedio, no le quedo de otra que irse a
dormir. Entrada la noche, Kasou comenzó a soñar. Era un sueño extraño para
Kasou. Estaba corriendo por una ciudad que ardía en llamas y habia mucha gente
herida y tirada en el piso. También los habia quienes estaban peleando por toda
la calle. En su sueño, Kasou corrió tanto como su cuerpo le permitió hasta que,
finalmente no tuvo adonde más correr. Estaba en la cima de la ciudad. Era una
especie de terraza pero bastante grande que permitía tener una visión amplia de
toda la ciudad.
En esta misma terraza, se encontraba una joven de
blanco con cabellos dorados. Kasou se le acercaba lentamente y, cuando pudo estar
a tal distancia de ella, la muchacha se dio vuelta lentamente. En el momento
preciso en que Kasou pudo ver su rostro, despertó.
Era muy tarde ya. Se apresuró a terminar de
prepararse y a salir lo más pronto posible.
-Muy bien, es la hora-. Dijo para sí el muchacho. Después
de todo, era el único que vivía en esa cabaña.
Kasou había vivido la mayor parte de su vida solo
en esa pequeña cabaña; y ahora, la dejaba para iniciar su viaje. Cuando se alejó
lo suficiente, encendió una mecha que partía desde una roca grande y terminaba
en su casa. Cuando la mecha encendida llego hasta la construcción de madera,
esta ardió en llamas. Kasou la contemplo sin mostrar ningún tipo de
arrepentimiento.
Tan pronto la casa comenzó a arder con más fuerza,
empezó a caminar. Sin embargo, al poco de caminar, miro el horizonte
preguntándose: ¿Adónde? Abrió su mochila, saco un mapa y después de mover sus
ojos por el papel, se decidió por ir a la vieja fortaleza Gallega. Estaba cerca
del mar y desde hace tiempo que él deseaba ver el mar.
Con su objetivo en la mira y sabiendo que tenía
que dirigirse hacia el este, empezó a caminar sin ninguna prisa. Caminando,
sabía que iba a tardar por lo menos cinco días. Camino por unas tres horas y el
sol ya se encontraba en el punto más alto del cielo, sabía que era mediodía.
¿Pero cómo lo sabía? El cielo que él conocía era gris, frio y nunca se podía ni
ver ni sentir los rayos del sol. Aun así, desde pequeño, se le enseño que si el
oscuro cielo se aclaraba aunque sea un poco, era mediodía. Ese era el sol para
Kasou. Por otra parte, nunca estaba tan oscuro como para que pensara que había
una noche eterna. Él sabía que la tierra giraba en torno al sol y que giraba
sobre su eje, lo que causaba la noche y el día. Más sin embargo, él no sabía
porque las nubes negras nunca se disipaban. Desde que tenía memoria, recuerda
esas nubes oscuras.
Se empezaba a hacer más oscuro y Kasou ya estaba
ciertamente cansado. Decidió detenerse para pasar la noche. Armó con cierta
facilidad una carpa que había encontrado en la casa donde vivió. Era vieja y no
estaba en buenas condiciones, pero era suficiente para descansar. Encendió
fuego con unas ramas que había encontrado y unos arbustos secos. Saco un poco
de pan y agua y lo acompaño con una papa asada en el fuego. Inmediatamente
después, se durmió.
Ya por la mañana, la poca luz que llegaba y
golpeaba su rostro lo despertó. Desarmo, guardo su carpa y empezó a caminar
nuevamente el camino que habia elegido seguir. Ya cerca del mediodía, Kasou
saco su cantimplora para tomar agua. Bebió unos sorbos y la guardo nuevamente.
-Necesito encontrar un rio.
Se dijo y comenzó a caminar un poco más rápido.
Finalmente, luego de caminar unos diez kilómetros casi hasta desmallarse, Kasou
pudo ver el reflejo del agua en el extremo paisaje semiárido al que tanto se
habia acostumbrado. Se acercó y para su sorpresa, era un rio cristalino, puro e
increíblemente pequeño. Tal vez, por eso habia sido capaz de verlo desde tan
lejos. Inmediatamente se repuso, saco el mapa y marco el rio como “Mirage”.
Pensó que el agua cristalina y transparente reflejaba la poca luz solar como lo
hacía un espejo, reflejando la luz y generando pequeños “espejismos”. Nuevamente
empezó a caminar.
Ya había pasado una semana y la fortaleza Gallega
no se veía en ningún lado. Ya casi no tenía ni comida ni agua, además del
cansancio que lo venía atormentado desde que dejo el Rio Mirage. El clima
semiárido estaba consumiéndolo como nunca lo habia hecho en su vida. De
repente, un viento muy fuerte soplo y levanto la tierra dejándolo ciego por unos
segundos.
Finalmente, Kasou cayó al suelo arenoso. Ya no
tenía fuerzas para levantarse otra vez y comenzó a pensar que fue muy mala idea
dejar su hogar solo por ir de aventura. Finalmente se desmayó.
Capítulo 2: La majestuosa fortaleza
Kasou abrió con dificultad sus ojos y se percató
de que otros ojos color ámbar lo miraban. Se trataba de una chica linda. Se incorporó
y noto que estaba desnudo en una cama.
-¿Te encuentras bien?-pregunto la joven.
-Ah, sí estoy bien, pero tengo sed.
-Toma-y le acerco una jarra de acero con agua.
-¿Dónde estoy? ¿Y mi
ropa?-empezó a preguntar.
-No te preocupes, está
aquí. ¿Cómo te llamas?-le pregunto con una sonrisa.
-Ah, pues… soy Kasou.-contesto
con dificultad.
Estaba cautivado por la
hermosa chica que tenía frente a sus ojos. Tenía una contextura corporal casi
delicada pero no tanto, con un rostro muy hermoso. Tenía el cabello corto y de
color rubio, sus ojos eran del color del ámbar, tenía una sonrisa cálida y no
era más alta que él.
-Star.-le dijo levantándose
para dejarlo que se vistiera.
-¿Qué?
-Star es mi nombre.-y se
fue.
Kasou no entendía que
habia pasado. Él se habia desmayado en el desierto que una vez habia sido su
hogar. No entendía porque estaba vivo. Porque estaba en esa cama y porque esa
niña estaba a su lado cuando despertó. Además, habia algo que empezaba a
molestarle.
Una vez Kasou se vistió,
salió y se percató de que habia mucho ruido alrededor de la carpa donde se
encontraba. Hacía mucho frio y el viento era helado. Estaba seguro de que no
estaba en el desierto. Además, habia mucha gente por todos lados vendiendo
desde comida hasta artículos extraños y raros.
Un anciano se le acercó y
le dijo: “Esto es Gallego Bajo”.
Kasou giro y lo miro
sorprendido. No podía creerlo. Esta era la parte exterior de la Fortaleza
Gallega.
-Entonces…
-Exacto. Esto es la
Fortaleza. ¿Aquí venias no?
-Sí… pero no pensé que llegaría-respondió
bajando la cabeza.
-Está bien, entra y
mientras esperamos a Star te cuento que pasó.
Entraron en la tienda, se sentaron
y el viejo empezó a hablar.
-Estábamos pasando por una
de las rutas poco frecuentadas, cuando Star te vio tirado en el suelo. Estabas
medio muerto y Star te dio algo de agua. Aun así no despertabas y decidí
traerte. Después de todo no estarías por los alrededores si no fuese porque te
dirigías aquí. ¿Para qué venias hasta aquí? ¿Venias caminando?
En ese momento, la joven
entro con una bolsa de manzanas y carne de cordero más un poco de agua que
también compro cerca.
El viejo dejo para después
la conversación y puso algo de carne de cordero en el fuego que tenía dentro de
la enorme carpa. Star se habia sentado cerca de Kasou pero este se sintió incómodo
y decidió salir para ver un poco más el lugar. Después de todo, el nunca habia
estado en esa enorme cuidad. Sin embargo, se sintió algo solo y con un poco de
miedo de perderse en tan increíble sitio y mar de gente.
Se sentó al lado de la
carpa y se resignó a mirar cómo la gente pasaba y como los vendedores vendían
sus productos por todo el lugar. Pudo observar como un hombre negociaba con
otro sobre venderle un “artefacto extraño y único”, decía él. El adquisidor
estaba asombrado con tan intrigante artículo. No sabía que era, ni para que
servía. Sin embargo, Kasou si sabía. Era una lámpara vieja, similar a las que
habia en su casa.
Paso un rato y seguía
observando las tiendas y a la gente que paseaba. Creía haber comprendido cómo
funcionaba el negocio de la compra-venta de artículos extraños ya que, justo al
frente habia una tienda de esas y parecía ser la más popular de todo el lugar.
-Cualquiera que lo vea por
más de dos horas entendería cómo funciona el negocio.
-¿Ya pasaron dos
horas?-pregunto asombrado Kasou.
-Entra. Vamos a comer.
Entraron y Kasou se percató
de que Star se encontraba dormida, tapada con unas sábanas. Se sentaron y
comieron lo que quedaba de cordero. En ese momento, Kasou se dio cuenta de que
no sabía el nombre del viejo. Cuando se decidió a preguntar, el viejo le
contesto casi al mismo tiempo: “Sarma”.
-¿Cómo?...
-Lo tenías escrito en tu
cara. Las señales alrededor tuyo me dijeron lo que querías preguntarme. Yo solo
respondí antes de que gastaras tus energías en hablarme.
Estaba sorprendido. El
viejo no parecía ser ningún brujo ni adivino, pero aun así él sabía la
pregunta. Pensó: “le preguntare si tiene algún poder o algo”.
-No tengo ningún
poder.-respondió el viejo sin darle oportunidad de hablar.-Lo único que poseo
son las señales.
No dijeron más. Cuando los
dos ya estaban llenos se fueron a dormir. El viejo se levantó primero y se
metió en su cama. Kasou se cubrió con unas sábanas que estaban cerca y tan
pronto cerró los ojos se durmió.
Capítulo 3: ¿De dónde
eres?
Ya habían pasado tres días
desde que despertó gracias a la ayuda del viejo y Star. Ahora, Kasou se
encontraba en una playa negra con un mar de color verde. Él se preguntaba si
este era el mar que tanto ansiaba ver.
-Este es el mar… -dijo
decepcionado.
-Sí. Este es el mar, que
en nuestro tiempo existe.-decía Star mientras se le acercaba.
-¿Qué haces aquí? Espera,
¿en nuestro tiempo?
-Sí. Sarma me dijo que
hubo una época en que el cielo era azul, las nubes eran blancas y no cubrían el
cielo; la tierra que pisamos ahora era marrón y en ella crecía cualquier
planta. Una en que habían muchos animales, y de distintos tamaños. Incluso el
mar era azul.
Mientras Star le contaba
todo esto a Kasou, su cara se llenaba de algo parecido a la nostalgia. Tal vez
de ganas de poder ver ese mundo totalmente paralelo al suyo en el que vivían.
Kasou la miraba como si estuviera hipnotizado sin prestar atención a sus
palabras. Lo único que sus ojos miraban era a la niña que se encontraba
enfrente de él contándole historias de un mundo fantástico y que ella deseaba
poder ver.
Sin embargo, su
concentración se rompió cuando escucho salir de sus labios: “y tampoco habían
guerras”. Kasou entonces desvió su mirada con rabia hacia el mar negro que
habia delante de suyo.
Star noto que a Kasou algo
le habia molestado de todo lo que le dijo y decidió irse sin decir nada, pero
sí hizo como que se despedía de él tocándole el hombro. Kasou se dio cuenta de
la razón por la que ella se fue. Se sintió mal al ponerla incomoda y obligarla
a irse. Ya cansado de ver el mar, se encamino devuelta a la carpa. Allí estaba
Star.
-¿El viejo?
-No está. Fue a comprar
algunas cosas para el viaje.
-¿Se van?
-Sí. No podemos quedarnos
mucho tiempo.
Kasou se entristeció. En
el fondo, no quería que ellos se marcharan. Pero entonces, una vos le dijo
desde atrás:
-Ven con nosotros. Era
Sarma, que habia vuelto ya de sus negocios y traía algo de comida.
-Déjame pensarlo…-y se quedó
en silencio.
Sarma lo miro
minuciosamente y vio en la cara de Kasou la inseguridad. Termino por decirle
que en tres días se iban y que tenía hasta entonces para pensarlo y tomar una
decisión. Sin más, se fueron a dormir.
En medio de la noche,
Kasou se despertó y vio a Star salir de la carpa. Se levantó y fue a buscar a
la joven que se aventuraba fuera de la carpa con el frio seco y congelante de
la tierra donde vivían. Esta era una tierra inhóspita. Igual a un desierto
caluroso, con la escepcion de que, el frio podía más que el calor. Antes de
salir, tomo unos abrigos y la fue a buscar. No estaba lejos. Más bien, estaba
al lado de la carpa, sentada en una caja.
-¡Kasou!-dijo sorprendida.
-Hace mucho frio como para
que salgas a estas horas, además de salir sola, por más que estés aquí al lado
de la carpa.
Ella se conmovió al ver la
amabilidad y preocupación de Kasou.
-Sabes-le dijo-desde que
deje mi tierra, siempre hemos sido Sarma y yo. Si te unes a nosotros podrías
ver muchas cosas de este mundo, como las que Sarma me enseño. Además…-hizo una
pausa y continuo-ya no estaría sola.
-No estás sola-le
dijo-estas con Sarma… a diferencia...
-¿Por qué estás
solo?-pregunto la niña.
Se quedaron en silencio un
rato. El frio ya no era importante para ellos. Estaban sentados juntos y ella
se le acercaba cada vez más. Solo hasta que Kasou le dijo:
-El mundo que me quieres
mostrar no es para mí.
Star se sorprendió al escuchar
eso. -¿Por qué? ¿Cuál es la razón para no conocer el mundo que te vio nacer? Y
en todo caso, ¿Por qué no conocerlo a nuestro lado?
Kasou se tomó unos
segundos para respirar profundamente y hablo.
-¿De dónde eres? ¿Tienes
un lugar al cual regresar después de conocer el mundo? Además, ¿ese lugar
siempre estará allí para ti?
Star se estremeció de la
rudeza con que le estaba ablando Kasou.
-De una isla hacia el
oeste de aquí. Partí de esa isla con el propósito de conocer el mundo. Poco
después conocí a Sarma y me llevo consigo. Y ahora el único lugar que tengo es
junto a él… Y contigo ya sería otro mi destino…
Todas esas palabras
difíciles de pronunciar para ella parecían entrar por un oído y salir por el
otro cuando Kasou las recibía. El solamente se levantó y se fue a dormir. Ella,
por su parte, solo se quedó sentada. No podía creer lo que habia pasado. La
situación en la que estuvo la hizo sentir un miedo que nunca habia
experimentado. Kasou habia resultado ser otra persona. No era la persona que
creía que era.
Capítulo 4: El adiós
Tres días después, Sarma y
Star se preparaban para irse. Kasou los estaba ayudando pero por su parte,
también estaba guardando sus cosas. Star no era la misma desde hace tres
noches. Se preguntaba porque Kasou no quería ir con ellos.
Una vez terminaron, se
acercaba el momento de decir adiós. Sin embargo Star se adelantó con su
mochila. No quería despedirse de una persona insensible que no quería entender
sus sentimientos.
Kasou y el viejo se
despidieron pero no se alejaron mucho cuando escucharon a Star gritar.
Corrieron juntos hasta donde estaba. La joven se encontraba en el suelo.
Inmediatamente los vio grito:
-¡Se llevan mi collar!
Kasou salió disparado y
vio a alguien correr por todo el lugar. Sin lugar a dudas era él quien le robo
el collar a Star. Acelero su carrera y lo derribo.
El tipo estaba tirado en
el suelo tratando de resistirse. Pero Kasou entonces empezó a golpearlo y aun cuando
el sujeto soltó el collar, él siguió. Kasou parecía poseído. Tenía una cara que
no parecía humana. Star llego y se asustó. No podía creerlo.
-¡Basta!-grito Star.-Basta…
-y comenzó a llorar.
Kasou se levantó
lentamente sin quitarle la vista de enzima al tipo. Sin embargo, este ya estaba
muerto. Estaba tirado en el suelo sin vida. No respiraba ni tampoco se movía.
Kasou se acercó a Star y le devolvió el collar, ensangrentado. Star le quito la
mano de enfrente y siguió llorando. Kasou se levantó y se fue. Decidió que era
mejor salir de ahí lo más pronto posible y empezó a correr. No quería cruzarse
de nuevo con Star.
Mientras corría,
inevitablemente recordó la conversación de hace tres noches con Star.
-¿De dónde
soy?-pensaba.-No soy de ningún lugar, Star. No tengo ningún lugar al cual
volver y tampoco hay un mundo que quiera ver. No hay nada para mí. Ya no tengo
sentimientos como tú. ¡Estoy muerto!
Capítulo 5: ¡¿Quién eres?!
De manera inevitable, una
increíble fuerza obligo a Kasou a mirar sobre su hombro. Era Star. Lo miraba
muy fijamente. Su rostro estaba lleno de lágrimas. Ella no sabía qué era lo que
le habia pasado tan repentinamente como para dejarla allí sin ningún tipo de
explicación de lo sucedido. Sin embargo, Kasou pensaba que no le debía nada a
ella. Más aun, ni siquiera sabía porque se lanzó en busca del ladrón que se
atrevió a robarle a Star.
-Espera, ¿Por qué me
preocupa ella?-pensó. Se trataba de una extraña y ajena a él. No era más que
una chica entrometida. No hay ninguna razón para preocuparme por ella. Sarma la
cuidara. Como lo hizo desde que la conoció.
En ese momento, no se dio
cuenta pero, definitivamente, estaba muy preocupado por ella. No se quería dar
cuenta tal vez pero, sintió en ella, la misma cercanía que alguna vez sintió
con alguien más.
-¿Quieres hablar?-le
pregunto Star, calmándose un poco y sentándose a su lado.
-¿De qué tenemos que
hablar?-le pregunto Kasou sentándose a su lado.
-No soy tonta. Se lo que
vi, y ese no eras tú. ¿Qué te sucedió?
-¿No era
yo?-Inmediatamente comenzó a reírse-¿Cómo es que sabes quién soy y quién no? ¿Cómo
sabes que no era yo quien lo golpeaba hasta la muerte, eh? Dime, ¿me conoces?
-¡¿Entonces dime quién
eres?!-ya no soportaba la frialdad con la que le contestaba.
-No soy nadie.
-¡No puedes ser nadie!
-¡Claro que sí! ¡Ya que estoy muerto!
-¡No puedes estar muerto!
¡Estás aquí y ahora hablando conmigo! No estás muerto.
-Si puedo. Yo soy…-quedo
en silencio. Pensó durante un instante y hablo.- ¿Quieres saber quién soy?
-¿Me contaras?
Kasou le hizo una seña
para que se levante y camine con él. Ella rápidamente se levantó y se pegó a su
brazo derecho. Aunque no lo parecía, todavía estaba asustada por lo que habia
pasado. A estas alturas le daba más miedo un ladrón que Kasou. Kasou le daba un
sentimiento de seguridad, además de que después de quien fuera su padre, él era
una de las pocas personas con las que pudo relacionarse y formar un lazo,
incluso después del viejo Sarma.
Caminaron hasta que se
hizo un poco tarde y Star se empezó a cansar. Finalmente decidió preguntarle.
-¿Estás jugando conmigo o
de verdad me vas a contar?
-Mira a tu alrededor-le
dijo-y dime que ves.
Ella miro y se percató de
que la gente que caminaba a su alrededor los esquivaba. O más bien, esquivaban
a Kasou. Se dio cuenta de que la gente miraba a Kasou de manera repulsiva, parecía
que estuvieran viendo algún monstruo o demonio.
-¿Ahora lo sabes? Solo soy
una sombra rodeada de sombras en este mundo de oscuridad. Nadie confía en nadie
ya que la maldad ronda a todos y puede estar en cualquiera, sin importar que
apariencia tenga. El destino es la maldición del hombre. Y tú, Star, no te das
cuenta de esto porque vives una fantasía que yo no puedo y no quiero vivir.
Una vez dijo todo esto,
continuaron caminando hasta que vieron a Sarma en la entrada del Bajo Gallego.
Star no se habia dado cuenta pero todo este tiempo estuvieron caminando hacia
allí. Y apenas lo vio, Star salió disparada hacia Sarma quien la estuvo
esperando todo este tiempo. Lo abrazo y lloro hasta que se cansó.
Capítulo 6: El botón en el
cielo
Una semana después, ya por
fin estaban listos para irse pero, no estaban muy seguros de querer separarse,
en especial Star. No quería que Kasou se fuera por ese camino oscuro, largo e
inseguro que podría terminar por matarlo. Durante toda esa semana, habia
intentado de todo para que Kasou reconsiderara quedarse con ella; sin embargo,
Kasou nunca le dio importancia y solo se dedicó a buscar todo lo necesario para
su viaje.
La semana habia transcurrido
demasiado rápido para Star.
La noche anterior al día
de la despedida, Kasou estaba afuera de la tienda. Esa noche era realmente
anormal. No sabía por qué pero, la noche estaba tranquila, no era fría como las
noches a las que estaba acostumbrado; y para su desdicha, Star se habia
levantado para sentarse al lado suyo. Sintió que la hermosa noche se habia
echado a perder cuando Star decidió levantarse, salir de la carpa y sentarse a
su lado.
-Te quiero…-susurro Star
mientras miraba el cielo oscuro.
Kasou la miro un instante
y volvió a mirar el cielo. Ambos se quedaron allí sentados.
-Hoy debería poder
verse.-dijo Sarma saliendo de la tienda.
-¿Qué cosa?-pregunto
Kasou.
-La luna.
Kasou cambio rápidamente
su mirada hacia el cielo y se lo quedo observando con mucho detenimiento
esperando a que algo pasase. Como si estuviera esperando a que caiga un cerdo
desde el abismo enzima suyo.
-¿Qué cosa?-pregunto Star
sin poder entender a qué se refería.
-Mira, ahí.
Juntos miraron el cielo
oscuro. Y de la nada, un círculo del tamaño de un botón en el cielo apareció
por un instante y desapareció otra vez. Era del tamaño de un botón, de color
amarillento con una pequeña zona oscura en ella; y que brillaba tanto que la tierra,
o por lo menos donde ellos estaban, se ilumino el tiempo que ellos lo pudieron
ver.
Kasou estaba atónito. No
podía creer lo que habia visto. Él sabía de la existencia de la luna, ya que hacía
tiempo, habia leído un libro que encontró en su casa donde, no solo hablaba de
la luna, también hablaba de otros planetas y lunas fuera de la tierra en un
espacio vacío, frio y lleno de polvo.
-¡Qué bonito!
Star estaba realmente
exaltada por lo que habia visto. De repente, miro a Kasou muy fijamente. Él se asustó
un poco. No entendía la razón de esa mirada. No habia hecho nada malo. Sin
embargo, quedo más confundido cuando de un parpadeo, Star cambio su mirada
seria hacia él con una hermosa sonrisa llena de felicidad.
Kasou habia quedado
confundido e hipnotizado por esa sonrisa. Al final, se fueron a dormir.
Capítulo 7: Lo que el
corazón dicta
La semana habia pasado muy
rápido y ya todo estaba listo para que Sarma y Star se separaran para siempre
de Kasou.
Ya los comerciantes habían
preparado todo para empezar sus negocios del día. Star y Sarma estaban
levantados y listos. El único que no podía sentirse de ánimos para levantarse
era Kasou. En toda la noche no durmió. Se habia quedado pensando en lo que
habia sucedido la noche anterior. La molesta compañía de Star gran parte de la
noche, la luna que se veía como un botón en el cielo y de nuevo, la extraña y
aparentemente sin motivo sonrisa de Star.
Finalmente se levantó. Ya
no aguantaba estar tirado en el suelo tratando de dormir cuando sabía que era
en vano. Salió de la tienda y vio que Star discutía con Sarma muy fuertemente.
-¿Qué sucede?-les
pregunto.
-¡Me voy contigo!-le dijo
Star casi gritando.
-¡¿Qué?!-se sorprendió
bastante al escuchar a Star decir eso. No sabía el porqué, pero parecía que ya
desde temprano se habia metido en una discusión que seguramente podía llegar a
perder-¿Para qué pregunte?
-Disculpa pero desde
temprano se hizo a la idea de irse contigo. Estuvo diciendo que era mejor si
viajaba contigo y que de esa forma ya no sería una cargar para mí pero…
-¡Ya lo decidí! Vamos
Kasou.
-Espera, ¿ni siquiera vas
a oír lo que tengo que decir?
-Ah, sí. Adelante Kasou,
dile que tomaras todas las responsabilidades.
¿Responsabilidades? Pensó
Kasou. Que absurdo ¿Responsabilidades sobre qué?
-No puedes venir conmigo
Star.-dijo Kasou muy serio.
-¡¿Por qué no?!-le grito
la joven con lágrimas en los ojos.
-Porque decidí ir con
ustedes.-y de repente, Kasou cambio su expresión por una sonrisa.
Star lo miro sorprendida.
No podía creer lo que habia escuchado. Estaba realmente feliz pero confundida
¿Por qué de negarse durante tanto tiempo y haberle hecho pasar por todas esas
situaciones dolorosas, solo para decirle que los iba a acompañar a último
momento y a última hora?
Por su parte, Kasou estaba
algo apenado por lo que dijo. No quería que pensaran que sería una molestia más
en su viaje ni que tampoco pensaran que lo dijo para calmar la situación. En su
corazón, solo una palabra contestaba las preguntas de Star. Miro a Star y su
corazón se empezó a acelerar. Su corazón decía: “También te quiero, Star.”
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